miércoles, 10 de noviembre de 2010
Amarillo
Sí, esta vez desapareció el anaranjado y se volvió amarillo. En mis narices, el atardecer se volvió amarillo. Totalmente diferente y por lo tanto, totalmente nuevo. Yo lo sabía, lo veía venir, lo presentí; sin embargo no hice caso y dejé que cambiara de color y naciera y creciera y me hiciera daño con toda su novedosa intensidad.
Acostumbrada a la sensación del color de siempre al punto del aburrimiento. Quizás fue eso, tal vez quise dejar la monotonía de la seguridad.
En fin, más amarillo que nunca continuó.
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